Amanece poco a poco en Carvajal. Hoy
día doce del mes de Enero, me he levantado temprano, a las cinco y treinta
más o menos, y me hallo ahora en el patio trasero de la casa de mi tío Segundo
Téllez, habitante y conocedor nato del Alto de la Cruz. Estoy allí para hacer
una de las cosas que más me gustan: saludar a un nuevo día de una de las
mejores épocas del año.
En el oriente, un poco alto,
acompañado de un par de nubecillas, brilla el esplendoroso lucero de la mañana.
Por encima de la serranía de Trujillo, cuyas colinas sumidas aun en la
oscuridad parecen gigantes dormidos, se asoma tímido el resplandor solar. Casi
en el punto más alto, despliegan su majestuosa belleza un par de estrellas que
titilan y cambian de colores de forma singular
La luna, empezando a crecer y
buscando el poniente, compite en este teatro celeste con los destellos y a medida
que las ultimas estrellas se van despidiendo como un dejo de tristeza, una
brisa fresca comienza a mover con suavidad las hojas de los árboles. Un gallo
entona su canto mañanero desde un poste cercano, y cuando el sol baña con su
cálida luz toda la meseta carvajalense, otros pájaros se le han unido en un
coro que parece hacer vibrar toda la vegetación circundante. ¡Que mañana! Como
de costumbre no he quedado decepcionada.
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| Vista de San Genaro des el Alto de la Cruz |
Todo este gran despliegue de
belleza matinal me hace sentir privilegiada, pues me recuerda que he nacido y
que vivo en Trujillo, un precioso trozo de territorio de Venezuela, uno de los
países con la naturaleza más hermosa y variada de todo el planeta.
Dentro de la diversidad
geográfica que la caracteriza, Venezuela se ha dado a conocer también por la
grandeza de sus paisajes de montaña, y nuestro estado Trujillo no escapa de
esta grandeza.
El estado Trujillo, ubicado en el
oeste venezolano, por el norte de los Andes, es una tierra riquísima en agua
dulce. Tanto es así que, la llamada “tierra de las mil montañas”, es regada por
dos de los ríos más importantes de Venezuela: el rió Motatán, que nace en
tierras merideñas y desemboca en el Lago de Maracaibo; y el Boconó, que tiene
sus fuentes en los páramos de Trujillo y va a las planicies centrales
venezolanas
Son muchos los lugares para ver y
disfrutar dentro de ésta hermosa región, los andes venezolanos, y todos son
espectaculares. Hay muchos recorridos que usted puede realizar en compañía de
su familia, y los hay más exigentes; excursiones que requieren de largas y forzadas
caminatas de varios días.
Precisamente en el corazón de
esta región se halla ubicada la cuenca de un rió que, aunque no tiene gloria de
los dos anteriores es uno de los cursos de agua más bellos de ella: El rió
Jiménez.
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| Río Jiménez |
El Jiménez, considerado por el
naturalista trujillano Américo Briceño Valero como el cuarto rió en importancia
de Trujillo, nace en el Páramo los Linares, a una altura de 3.460 metros sobre
el nivel del mar, cerca de la
confluencia de los límites entre los municipios, Trujillo, Boconó y Urdaneta al
sur este de la población de San Lázaro. Su longitud es de unos 51 kilómetros y
el curso del Jiménez es mayormente de montaña y discurre por un angosto valle
en forma de V que pertenece a la Serranía de Trujillo.
Los suelos cercanos a las vegas
del Jiménez son sumamente fértiles y se prestan para el cultivo de granos, yuca
y frutas diversas. La flora de sus ecosistemas es muy hermosa y valiosa,
compuesta de especies típicas del páramo en su parte alta como el frailejón, de
selva nublada. Los árboles que más se observan allí son el cedro, el roble, el
pardillo, el indio desnudo, la caoba, el apamate, el algarrobo y el bucare,
este último dueño y señor de las riberas del rio y sus afluentes.
El rió Jiménez tiene un potencial
inmenso para el turismo de naturaleza. Desde caseríos altos como Melendre, El
Amarillo, Las Aguaditas, Palmarito y el Alto de la Cruz, se ven paisajes
bellísimos. Las aldeas más grandes asentadas en ella son muy pintorescas, y
especialmente en el caso de Santiago y San Lázaro, muy visitadas en épocas de vacaciones
por personas que buscan tranquilidad y un poco de paz. Hay numerosas veredas
cuyo recorrido es muy interesante, como la del paso montañoso del Salto del
Diablo, antiguo camino de atajo que comunicaba comercialmente a
Santiago y
San Lázaro
con la ciudad de Valera, atravesando la meseta de Carvajal.
Antiguamente el mismo curso del
rio se prestaba para hacer caminatas por su cauce. Esta actividad se ha vuelto muy
popular y ya se lleva a cabo en el tramo comprendido entre la Loma de San
Rafael y el Puente de San Pablo de Jiménez.
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| Unidades de Transporte de San Lázaro |
Actualmente muchos visitantes y
aficionados del parapente, se dirigen hasta la majestuosidad de estas montañas
para contemplar desde las alturas lo impresionante de nuestra ciudad de las siete
colinas.
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| Foto cortesía de Olexy Rondón |
Sin embargo, a pesar de su
riqueza y su gran belleza natural, la cuenca del rio Jiménez se está
enfrentando a graves problemas que están afectando su delicado equilibrio
ecológico; es más, que están cambiando su fisonomía.
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| Disfrutando del Jiménez |
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| Turistas se lanzan en parapente |