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Valle de Caúca. Colombia

Se puede saber mucho de un lugar por la manera en que trata a sus visitantes.

Puerto La Cruz. Venezuela

El unico verdadero viaje de descubrimiento consiste no en buscar nuevos paisajes, sino en mirar con nuevos ojos.

Cayo Hueso. Florida EE.UU

Una vez al año ve a algun lugar en el que nunca hayas llegado antes.

Vista parcial del paisaje del páramo trujillano, vía a la población de "Tuñame"

Un buen viajero no tiene planes fijos ni la intencion de llegar .

Moda Verde

El mejor de mis viajes es el proximo.

domingo, 26 de enero de 2014

¡La reina de la paz está en Trujillo!

La ciudad aún no termina de despertar, pero sus habitantes están más despiertos que nunca. Desde muy temprano, los devotos a la Virgen de La Paz llenan la calle del seminario Sagrado Corazón de Jesús  para formar parte de ese mar humano que año tras año recorre el monumento a la Paz.
El pueblo trujillano manifiesta su devoción obsequiándole
 vestidos los cuales va luciendo en diferentes fiestas del año. 

El sonido de cohetes reventando, la música suena al máximo con canciones populares que disfrutan tanto la gente del pueblo, como personas provenientes de otros municipios y hasta otras ciudades del país. Mientras nos dirigimos hacia allá, las ambulancias están listas para recibir a los fieles sofocados por la fe. Ahora, atienden a una señora cincuentona, la cual recibe una mascarilla de oxígeno mientras le toman la presión. A la distancia, los fieles se sientan en las aceras para descansar de tanto recorrido.
 Ocho mil seiscientos veinticuatro kilómetros cuadrados conforman el territorio del estado andino más pequeño. Su capital lleva el mismo nombre, pero ha sido denominada ciudad portátil debido al peregrinar de sus moradores durante muchos años. Trujillo aún conserva el encanto de sus casas coloniales y arcos estilo español, llenos de recuerdos pertenecientes a épocas pasadas, carreteras rodeadas de hermosos e inolvidables lugares del estado Trujillo, cuyos pintorescos pueblos y ciudades se destacan por su importancia histórica.

Me atrevo a decir que visitando el hermoso pueblo de la plazuela, usted tendrá la sensación de estar caminando en la época de la colonia con sus hermosas calles de piedra. También podrá disfrutar del tradicional currunchete (dulce hecho a base de miel de panela), queso de páramo y anís en pepita, o tomarse la tradicional chicha andina. El estado Trujillo es una tierra hospitalaria donde el visitante sentirá la paz como parte de uno de los atractivos que tiene esta hermosa región

Feligreses marchan llenos de fe hasta el monumento de la virgen.
Foto cortesía de Diario El Tiempo

Comercio

Esta sensación es inexplicable, una inmensa alegría recorre el cuerpo de todos los asistentes un año más, quizá porque estamos vivos para disfrutarlo nuevamente.
En las aceras se ubican, también, decenas de vendedores ambulantes. Hacen su mes a costa de todo aquello que pueda ser vendido: desde turrones hasta  rosarios de todos los tamaños y de todos los santos aunque usted no lo crea. Los comerciantes no pueden dejar pasar esta oportunidad para hacer un negocio redondo, por lo que en cada rincón de la procesión la dura vida de la calle se confunde con la alegría y la esperanza de sacar algo de dinero.
Es curioso que en medio de toda esta parafernalia típica de procesión, un vendedor ofrezca- a bajo precio- globos blancos de distintos personajes animados. Se observa cómo los ambulantes se han ubicado en las calles aledañas y en las brasas se empieza a sentir el aroma popular de la cachapas, jojotos y parrilla. A lo lejos, un señor invita a probar “sin compromiso” su turrón.
Las económicas comidas al paso son las grandes estrellas cuando de saciar el hambre se trata. Éstas son las que le ponen sabor y color a la caminata. Aquí todo vale para ganarse unos bolívares extra que constituyen el verdadero milagro para estos hombres y mujeres que se gana la vida con una gran dosis de creatividad.

La fé de su pueblo

Hombres y mujeres, ancianos y niños, alzan la mirada y elevan oraciones que suben al cielo en medio de olor a incienso. Las cantoras, señoras que con su voz acompañan el paso lento del andar a lo largo de la procesión, se unen a los ruegos que dicen: “Viva la Virgení”.
La banda se hace presente para llenar y tocar los ya acongojados corazones que, entre lágrimas, piden a la virgen que les haga el milagro mientras el espíritu de paz y alegría derramado por la virgen se mese por las viejas calles hasta detenerse y la multitud aplaude ante la presencia del  gran monumento a la Virgen de la paz. Un niño se asoma en brazos de su padre para ver al santo. Con un rostro lleno de alegría, se siente la presencia de Dios. Ese pequeño no es consciente de lo que estaba sucediendo a su alrededor: no se daba cuenta de que era parte de esta  manifestación de fe.

Monumento a la Virgen de la Paz

Una vez que llegamos al anhelado monumento, las puertas se abren para dar la bienvenida a los que quieran presenciar lo que ofrecen los fieles de la Virgen, agradecidos de sus favores ante esta cueva colocando sus ofrendas y velas. Hay unas cuevas donde se puede entrar y se dice que los indios las usaban para trasladarse a través del Estado, que según cuentan en sus leyendas conectan con otras cuevas, pero los movimientos de las montañas andinas a través de los años han cerrado los pasadizos. Los hombres de prensa se alistan para hacer su trabajo. En pleno homenaje, un coro de niños empieza a sonar en lugar de la solemne marcha procesional. Es la nota pintoresca del recorrido.

Trabajos de limpieza

 Al terminar la marcha todo estaba hecho un caos papeles, platos desechables, botellas, etc. La gente observa cómo las personas de limpieza hacen su trabajo que parece a simple vista interminable. En los alrededores, todo está lleno de cosas en el suelo. Se ve como las personas, una vez satisfechas por haberles pedido sus bendiciones bajan acompañados por nuevos amigos de procesión, fe y devoción.
Finalmente usted y sus compañeros  podrán comprar en el mercado artesanal una réplica en miniatura del monumento, o rosarios de piedras, cafeteras de gres, entre otras cosas.

 Y aunque parezca increíble se aprecia como una imagen pueda unir a una inmensa cantidad de gente tal vez por un instante para arrepentirse de sus pecados y reflexionar sobre la fe, que muchas veces  tenemos pero que, nos cuesta encontrar.

Conoce Trujillo!

 Pasaran 12 meses, 52 semanas, 365 días, 8,760 horas, 525,600 minutos y 31,536,000 segundos para que todo, todo esto se repita. Los invito a conocer un poco más…

lunes, 13 de enero de 2014

La cuenca del Rió Jiménez

Amanece poco a poco en Carvajal. Hoy día doce del mes de Enero, me he levantado temprano, a las cinco y treinta más o menos, y me hallo ahora en el patio trasero de la casa de mi tío Segundo Téllez, habitante y conocedor nato del Alto de la Cruz. Estoy allí para hacer una de las cosas que más me gustan: saludar a un nuevo día de una de las mejores épocas del año.
En el oriente, un poco alto, acompañado de un par de nubecillas, brilla el esplendoroso lucero de la mañana. Por encima de la serranía de Trujillo, cuyas colinas sumidas aun en la oscuridad parecen gigantes dormidos, se asoma tímido el resplandor solar. Casi en el punto más alto, despliegan su majestuosa belleza un par de estrellas que titilan y cambian de colores de forma singular
La luna, empezando a crecer y buscando el poniente, compite en este teatro celeste con los destellos y a medida que las ultimas estrellas se van despidiendo como un dejo de tristeza, una brisa fresca comienza a mover con suavidad las hojas de los árboles. Un gallo entona su canto mañanero desde un poste cercano, y cuando el sol baña con su cálida luz toda la meseta carvajalense, otros pájaros se le han unido en un coro que parece hacer vibrar toda la vegetación circundante. ¡Que mañana! Como de costumbre no he quedado decepcionada.

Vista de San Genaro des el Alto de la Cruz


Todo este gran despliegue de belleza matinal me hace sentir privilegiada, pues me recuerda que he nacido y que vivo en Trujillo, un precioso trozo de territorio de Venezuela, uno de los países con la naturaleza más hermosa y variada de todo el planeta.
Dentro de la diversidad geográfica que la caracteriza, Venezuela se ha dado a conocer también por la grandeza de sus paisajes de montaña, y nuestro estado Trujillo no escapa de esta grandeza.
El estado Trujillo, ubicado en el oeste venezolano, por el norte de los Andes, es una tierra riquísima en agua dulce. Tanto es así que, la llamada “tierra de las mil montañas”, es regada por dos de los ríos más importantes de Venezuela: el rió Motatán, que nace en tierras merideñas y desemboca en el Lago de Maracaibo; y el Boconó, que tiene sus fuentes en los páramos de Trujillo y va a las planicies centrales venezolanas
Son muchos los lugares para ver y disfrutar dentro de ésta hermosa región, los andes venezolanos, y todos son espectaculares. Hay muchos recorridos que usted puede realizar en compañía de su familia, y los hay más exigentes; excursiones que requieren de largas y forzadas caminatas de varios días. 
Precisamente en el corazón de esta región se halla ubicada la cuenca de un rió que, aunque no tiene gloria de los dos anteriores es uno de los cursos de agua más bellos de ella: El rió Jiménez.
Río Jiménez


El Jiménez, considerado por el naturalista trujillano Américo Briceño Valero como el cuarto rió en importancia de Trujillo, nace en el Páramo los Linares, a una altura de 3.460 metros sobre el nivel del mar, cerca  de la confluencia de los límites entre los municipios, Trujillo, Boconó y Urdaneta al sur este de la población de San Lázaro. Su longitud es de unos 51 kilómetros y el curso del Jiménez es mayormente de montaña y discurre por un angosto valle en forma de V que pertenece a la Serranía de Trujillo.
Los suelos cercanos a las vegas del Jiménez son sumamente fértiles y se prestan para el cultivo de granos, yuca y frutas diversas. La flora de sus ecosistemas es muy hermosa y valiosa, compuesta de especies típicas del páramo en su parte alta como el frailejón, de selva nublada. Los árboles que más se observan allí son el cedro, el roble, el pardillo, el indio desnudo, la caoba, el apamate, el algarrobo y el bucare, este último dueño y señor de las riberas del rio y sus afluentes.
El rió Jiménez tiene un potencial inmenso para el turismo de naturaleza. Desde caseríos altos como Melendre, El Amarillo, Las Aguaditas, Palmarito y el Alto de la Cruz, se ven paisajes bellísimos. Las aldeas más grandes asentadas en ella son muy pintorescas, y especialmente en el caso de Santiago y San Lázaro, muy visitadas en épocas de vacaciones por personas que buscan tranquilidad y un poco de paz. Hay numerosas veredas cuyo recorrido es muy interesante, como la del paso montañoso del Salto del Diablo, antiguo camino de atajo que comunicaba comercialmente a Santiago y San Lázaro con la ciudad de Valera, atravesando la meseta de Carvajal.




Antiguamente el mismo curso del rio se prestaba para hacer caminatas por su cauce. Esta actividad se ha vuelto muy popular y ya se lleva a cabo en el tramo comprendido entre la Loma de San Rafael y el Puente de San Pablo de Jiménez.


Unidades de Transporte de San Lázaro



Actualmente muchos visitantes y aficionados del parapente, se dirigen hasta la majestuosidad de estas montañas para contemplar desde las alturas lo impresionante de nuestra ciudad de las siete colinas.


Foto cortesía de Olexy Rondón


Sin embargo, a pesar de su riqueza y su gran belleza natural, la cuenca del rio Jiménez se está enfrentando a graves problemas que están afectando su delicado equilibrio ecológico; es más, que están cambiando su fisonomía.


Disfrutando del Jiménez

Turistas se lanzan en parapente